Muchas son las ventajas que descubrimos siempre que hablamos o leemos sobre el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), pero no se habla tanto de las dificultades. Me voy a permitir en estas líneas dar mi opinión sobre las desventajas, a la par que intentaré proponer posibles soluciones para superarlas.
La primera gran dificultad que podemos encontrar es la desconfianza de los alumnos. Los hemos adiestrado para realizar determinado tipo de evaluación, no para aprender, y solo van a estudiar aquello “que entra en el examen”. Este tipo de aprendizaje los desorienta, y no saben qué estudiar, qué notas tomar, en definitiva, qué les “entra”. Eso produce desconfianza y los desmotiva. Si alguno falta a clase y pregunta qué hemos hecho, la respuesta es “nada; hicimos lo del proyecto y ya está”. Cambiar esta mentalidad es difícil y puede llevar tiempo. Para ello hago dos propuestas: definir muy claramente el objetivo y cada uno de los pasos del proyecto, que los alumnos sepan en cada momento dónde están y por qué; y explicarles cómo se va a hacer la evaluación, si va a tener un examen “convencional”, o se va a basar en la realización de cada parte del proyecto. Cuando el alumnado tenga claro esto, no tendrá reparos a “perder el tiempo”, y se dará cuenta de lo que aprende. Las ganas de llegar al objetivo
Otra de las posibles desventajas es que el profesor no “controla” totalmente la clase, y no está seguro de que todo el alumnado haya logrado los mismos objetivos y haya desarrollado en un nivel mínimo en su grado las competencias. Esta preocupación, sobre todo cuando lleguemos a la implantación de las evaluaciones externas, es legítima, y nos preocupa que en esa posible evaluación nuestros alumnos no sepan determinadas reglas o no sepan enfrentarse a determinados problemas. Podríamos hablar aquí sobre el diseño de esas futuras pruebas, por mucho que en los reales decretos y las órdenes se promueva que tienen que partir de los centros de interés del alumno, pero ahora lo que nos preocupa es saber cómo podemos conseguir que los estándares estén representados en nuestro proyecto. Parece que tener presentes estos estándares de manera previa al diseño del proyecto es imprescindible, porque luego no funcionan, si los metemos con calzador. Por otro lado, si el proyecto es una buena idea, seamos conscientes de cuánto tiempo podemos dedicarle, y completemos nuestro currículo con otro proyecto o de otra manera.
Sin embargo, también tenemos que ser conscientes de cuál es nuestro objetivo último en la educación, que es hacer que el alumnado aprenda y se eduque. Y parece que el control total de la clase puede estar reñido con el aprendizaje profundo, porque, y nunca dejarán de sorprendernos, los chicos y chicas pueden proponer a los problemas soluciones que no se nos habían ocurrido. Si queremos una respuesta unívoca, primero nos tendríamos que plantear si verdaderamente estamos trabajando por proyectos, y segundo tenemos que diseñar más claramente la pregunta, el problema, que solo tenga ese tipo de solución.
Podríamos seguir, pero creo que estos dos pueden ser los inconvenientes principales, así como el cambio total del papel del profesor, que muchas veces nos da miedo.
Pero eso es otra historia.
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